Querido Viejito Pascuero:
Quizás pienses que estoy grande para esto, y en cierta medida lo estoy. Pero te escribo para pedirte lo que mis padres -haciéndose pasar por ti- no pueden darme. Ellos se limitan al universo concreto y tangible y te borran de la existencia, quebrando sueños e ilusiones. Pero yo creo en ti, porque se que en la medida en que lo haga tu vas a existir. Por eso te puedo asegurar que hay cosas que solo tu comprenderías, y se que eres el único que se daría el tiempo de hacerme feliz.
Esta navidad te quiero pedir un libro sin fin, para no sentir el vacío que se produce cada vez que una historia llega a su final. No quiero sentir más la tristeza de dar vuelta la última página, o la idea de que las segunda parte siempre es peor, que me impide disfrutarlas de la misma manera. Es difícil dejar atrás los moldes que nos forjaron, es difícil dejar tierra firme y emprender el vuelo.
Esa dificultad me lleva a pedirte también una escalera al cielo, para ir a ver a quienes ahí residen cuando yo quiera. Para ver las cosas desde otra perspectiva, y ser no solo actor, sino espectador de mi vida. Para cruzar el arcoíris y quitarme las ganas de descubrir que hay al final.
No se si me he portado taaaan bien; pero tu que vives dentro de mi sabes que si he echo daño, ha sido sin intención. Por eso se bueno viejito, y haz que esta navidad sea una persona más feliz que el día anterior, aunque menos feliz que el día siguiente.
Phoenos inmortalis
Siempre han sido considerados locos quienes creen que la magia existe. ¿Y quiénes somos nosotros para juzgarlos si no tenemos certeza de la imposibilidad de ésta? Porque la verdad es que no hay nada escrito; los hechos son subjetivos al depender de la percepción, y la ciencia en que tanto nos escudamos se reinventa a sí misma una y otra y otra vez, eternamente. ¿Son los extraterrestres y los viajes a otras galaxias un recurso de la ciencia-ficción? ¿Son producto de nuestra imaginación los magos y las brujas, los sapos encantados y el genio de la botella?
La vida es magia, el milagro de las cosas mas cotidianas nos demuestra que todo es posible. Me gusta imaginar la cara de nuestros antepasados si se hubieran enterado de como sería la vida en nuestro siglo. Lo que para ellos era un absurdo irrealizable para nosotros es parte de nuestras vidas a tal punto que nos parece surrealista una vida sin el nivel que hemos logrado. A veces debiéramos detenernos más en lo mágico del televisor, del computador, de la inteligencia artificial. Porque las máquinas no son más que minerales y metales extraídos de la naturaleza y moldeados para dar vida no solo a lo electrónico, sino a la mente universal plasmada en el metal.
Pero es en lo orgánico en donde vemos la esencia de lo mágico. En esa diminuta semilla que explota, crece y se transforma en algo grande, en algo que nace y que muere. Así como Jesús multiplica peces y panes, los vegetales transforman la luz del sol en alimento, demostrando que la energía está en constante transformación. Esa energía está en nuestras vidas, en nuestros pensamientos y emociones. Esa energía es la magia que nos permite sanarnos con la mente, que nos permite expresar nuestra interioridad en el aura; es la energía que nos mueve a decidir mover un músculo y tomar un camino.
Si nuestra mente es tan poderosa, ¿qué nos asegura que tras nuestra imaginación no se encuentra un mundo real y tangible? ¿Por qué tildar de imposible la existencia de verdaderos magos y brujas? Somos magos y brujas manipulando la energía que transita por este universo y tantos otros. La misma magia que nos compone es la que crea nuestros sueños, lo tangible y lo intangible no son más que formas distintas de agrupar la misma energía. La magia existe, y si todos lo supieran el mundo sería un lugar mejor.
Paren el mundo, me quiero subir!
Nuestro problema como especie es que tendemos a ver nuestras construcciones como entes individuales que se separan de nuestro dominio. De esta forma nos desligamos de nuestra responsabilidad ante los momentos críticos. Intentamos resolver aquellos temas que nos aquejan, como la desigualdad. No obstante la solución no es posible en tanto asumamos nuestro rol protagónico en estos problemas. Porque nosotros construimos y somos desigualdad, porque el capitalismo no es más que la forma en que yo o tu vivimos nuestro día a día. La población se pregunta por qué el problema no se soluciona, la población le echa la culpa a los poderosos, los poderosos intentan resolver el problema desde una posición externa; de esta forma nadie asume el error como propio, de esta forma no se resuelve nada.
La mayor ilusión que nos domina es que un sistema es dueño de nuestras vidas. Mas bien queremos creerlo porque es mas fácil mantenerlo todo como está, porque la verdadera solución es demasiado para nuestro ego.
Si todos asumiéramos nuestra cuota de responsabilidad todo sería tanto más fácil... Si yo lo hago, tu lo harías?
Vibraciones al vacío
Quiero ahondar en ese halo de apatía que te envuelve y te armoniza.
Tus sentimientos son tan meticulosamente pragmáticos que parecen plásticamente perfectos.
Y tus ojos, dos pozos perfectamente redondos, como una construcción humana.
Eres tan calmo, que espero esa gota que te desborde;
tu indiferencia es como el jazz, grito oculto en melodía.
Quiero ser el acorde de la discordia, o el falsete que lleva lo finito a lo imposible.
Tú, roca realista
Yo, sinfonía impresionista.
Yo, sinfonía impresionista.
Entre actos
Me perturba ese constante devenir elíptico de la realidad...
Todo se repite, las mismas piedras se cruzan en nuestro camino. Los mismos pensamientos a la misma hora, la voz de Jeff sonando una vez más con sus octavas extasiantes e incansables. La misma sonrisa al espejo en una caricia narcisista.
Vale la pena la longevidad del ser humano bajo un mismo libreto? Para nuestros compañeros del reino animal no hay día igual.
Todo se repite, las mismas piedras se cruzan en nuestro camino. Los mismos pensamientos a la misma hora, la voz de Jeff sonando una vez más con sus octavas extasiantes e incansables. La misma sonrisa al espejo en una caricia narcisista.
Vale la pena la longevidad del ser humano bajo un mismo libreto? Para nuestros compañeros del reino animal no hay día igual.
Haciendo malabares con los dedos y las teclas
El camino que transitan las ideas, desde la mente hasta la punta de los dedos, es largo y sinuoso. Muchas mueren, otras quedan a la deriva entre la clavícula y la tibia; las que llegan a la meta son aquellas lo suficiente meméticas.
de contrastes y otras cosas
blanco y negro, claroscuro
el blanco no puede ser paz, la paz es equilibrio y no extremo
el negro no puede tan malo con un corazón de color
la noche es negra y sin embargo es buena, entonces ¿no serían buenas las cosas negras?
el blanco es la luz delatora, sucia traidora
envuelveme con tu gris reparador, unifica mi mente disociada
hay veces en que la monotonía es un mal necesario, en un mundo alienado
mezcla el blanco y el negro, no hay diversión en vivir juntos pero no revueltos
quiero sentir tu alma en mi cuerpo
el blanco no puede ser paz, la paz es equilibrio y no extremo
el negro no puede tan malo con un corazón de color
la noche es negra y sin embargo es buena, entonces ¿no serían buenas las cosas negras?
el blanco es la luz delatora, sucia traidora
envuelveme con tu gris reparador, unifica mi mente disociada
hay veces en que la monotonía es un mal necesario, en un mundo alienado
mezcla el blanco y el negro, no hay diversión en vivir juntos pero no revueltos
quiero sentir tu alma en mi cuerpo
Anagennao
Me hicieron creer que un día sería perfecta. Así crecí sentada, esperando a que mágicamente llegara ese momento. Buscar esa perfección es lo que nos hace ser mejores, pero esperar a que llegue por si sola es quedar a mitad de camino. Me dijeron que sería perfecta, pero nadie me hablo del esfuerzo y la lucha, del proceso por el que debía pasar para serlo. Y entonces me quede sentada esperando, viendo como a mi alrededor personas gateaban, se levantaban en sus pies, caminaban, corrían, saltaban hasta alcanzar sus metas y sueños. Mi entorno maduró mientras yo esperaba como una niña caprichosa, que perfectamente puede hacer algo pero espera a que el otro lo haga por ella para sentirse poderosa.
Hoy no me siento poderosa, sino más bien desterrada de mi vida, y se que la culpa es sólo mía. Remolinos de viento que enreda mi pelo, mientras un torbellino azota mis pensamientos. Nadie dijo que madurar era fácil, pero duele tanto que a veces no creo que valga la pena. Pocas cosas me causan gracia, y ya no encuentro placer en las mismas cosas, ni en las mismas personas que antes me hacían feliz. Me siento como una niña que, con su padre, construye castillos en la arena. La pequeña lo termina y mira orgullosa su obra de arte, durante los segundos que tarda el mar en destruirla. Ella sabe que debe construirlo nuevamente para que la princesa de sus fantasías siga viviendo en él, no obstante al voltear la mirada se da cuenta de que ya no está su padre para ayudarla.
Como ella construimos nuestra vida sobre arena, y nuestro error más grande es creer que lo hacemos sobre concreto. Todo lo que no tiene ambos pies sobre un suelo sólido tiene que caer, el problema está en no saber como volver a levantarnos por nuestros propios medios. Nos enseñaron a no estar solos, pero nunca nos dijeron que todos necesitamos la soledad tanto como la compañía. Los polos nunca son buenos, se necesita equilibrio. La soledad nos guía por nuestro sendero espiritual, la buena compañía nos ayuda a no volvernos locos.
Mis palabras son melancolía, esa que es tristeza en su expresión más bella, que irrumpe en un momento de catarsis para provocar un renacer. Nos apegamos con nuestra alma a lo que poseemos, y no comprendemos que no hay cosa en este mundo que nos pertenezca, sólo nosotros mismos. De niños, cuando aún nos encontramos en la cúspide de nuestra inocencia, reclamamos ser los únicos con derecho a amar y ser amados por nuestros padres. Al crecer llega nuestra primera ruptura cuando nos damos cuenta de que sus corazones nunca nos pertenecieron, al menos no en su totalidad. Buscamos consuelo en la amistad, y con esto debemos enfrentar las primeras traiciones, que nos vuelven más y más parcos con nuestros sentimientos. Nos casamos esperando una promesa para toda la vida, porque nos da miedo volver a estar solos.
No quiero que lo que aquí digo se interprete en un sentido negativo. Así es la vida, y no hay problema con que se desarrolle de esa manera. El problema es la forma en que nos aferramos a la estabilidad, como si con ello se nos fuera la vida. Y con esto llego al punto mas relevante. Finalmente el miedo a crecer, a la soledad, al cambio, todos esos temores no son más que miedo a la muerte. Si le tememos y la lloramos, es solo culpa nuestra. La muerte es una parte más de este mundo, como lo es cada cosa que forma parte de la cotidianidad. Siempre ha estado ahí, es lo único que podemos predecir de nuestras vidas. Sin embargo, en nuestro afán de preservarlo todo hemos olvidado que la vida se trata de nacer y morir. Nuestra historia es palingenesia, lo sabemos y lo rechazamos con nuestra alma, siendo que es el alma lo único que trasciende a este proceso de continuo renacer.
Hoy no me siento poderosa, sino más bien desterrada de mi vida, y se que la culpa es sólo mía. Remolinos de viento que enreda mi pelo, mientras un torbellino azota mis pensamientos. Nadie dijo que madurar era fácil, pero duele tanto que a veces no creo que valga la pena. Pocas cosas me causan gracia, y ya no encuentro placer en las mismas cosas, ni en las mismas personas que antes me hacían feliz. Me siento como una niña que, con su padre, construye castillos en la arena. La pequeña lo termina y mira orgullosa su obra de arte, durante los segundos que tarda el mar en destruirla. Ella sabe que debe construirlo nuevamente para que la princesa de sus fantasías siga viviendo en él, no obstante al voltear la mirada se da cuenta de que ya no está su padre para ayudarla.
Como ella construimos nuestra vida sobre arena, y nuestro error más grande es creer que lo hacemos sobre concreto. Todo lo que no tiene ambos pies sobre un suelo sólido tiene que caer, el problema está en no saber como volver a levantarnos por nuestros propios medios. Nos enseñaron a no estar solos, pero nunca nos dijeron que todos necesitamos la soledad tanto como la compañía. Los polos nunca son buenos, se necesita equilibrio. La soledad nos guía por nuestro sendero espiritual, la buena compañía nos ayuda a no volvernos locos.
Mis palabras son melancolía, esa que es tristeza en su expresión más bella, que irrumpe en un momento de catarsis para provocar un renacer. Nos apegamos con nuestra alma a lo que poseemos, y no comprendemos que no hay cosa en este mundo que nos pertenezca, sólo nosotros mismos. De niños, cuando aún nos encontramos en la cúspide de nuestra inocencia, reclamamos ser los únicos con derecho a amar y ser amados por nuestros padres. Al crecer llega nuestra primera ruptura cuando nos damos cuenta de que sus corazones nunca nos pertenecieron, al menos no en su totalidad. Buscamos consuelo en la amistad, y con esto debemos enfrentar las primeras traiciones, que nos vuelven más y más parcos con nuestros sentimientos. Nos casamos esperando una promesa para toda la vida, porque nos da miedo volver a estar solos.
No quiero que lo que aquí digo se interprete en un sentido negativo. Así es la vida, y no hay problema con que se desarrolle de esa manera. El problema es la forma en que nos aferramos a la estabilidad, como si con ello se nos fuera la vida. Y con esto llego al punto mas relevante. Finalmente el miedo a crecer, a la soledad, al cambio, todos esos temores no son más que miedo a la muerte. Si le tememos y la lloramos, es solo culpa nuestra. La muerte es una parte más de este mundo, como lo es cada cosa que forma parte de la cotidianidad. Siempre ha estado ahí, es lo único que podemos predecir de nuestras vidas. Sin embargo, en nuestro afán de preservarlo todo hemos olvidado que la vida se trata de nacer y morir. Nuestra historia es palingenesia, lo sabemos y lo rechazamos con nuestra alma, siendo que es el alma lo único que trasciende a este proceso de continuo renacer.
Bullshit
El tiempo me consume mientras espero
Las arrugas firmes ahí, como un recordatorio de lo que llevo
Los días me superan uno a uno
Me abandono al último lugar de esta carrera
O tal vez no quiero asumir que no se
Que no se que mierda espero
Que nunca seguí mis sueños cuando creí en ellos
Y ahora que no creo espero
Algo que seguir, algo en que creer para vivir
O para sobrevivir a esta rutina que idiotiza
Sin pasión no hay sueños
Sin sueños no hay metas
Y sin metas todo se va a la cresta
Me vuelvo tonta de tanto sin sentido
O quizás siempre fui una tonta con excesivo sentir
Ahora todo da igual, la vida pierde sabor al perder el rumbo
Al final todos necesitamos directrices
Para no caer en el limbo y divagar
Y volvernos hombres y mujeres grises
Consumidos por el humo de nuestros cigarrillos
De papelillos impregnados en historia
Que con nuestra vida escribimos
Sin saber que en la espera esta se borra
Las arrugas firmes ahí, como un recordatorio de lo que llevo
Los días me superan uno a uno
Me abandono al último lugar de esta carrera
O tal vez no quiero asumir que no se
Que no se que mierda espero
Que nunca seguí mis sueños cuando creí en ellos
Y ahora que no creo espero
Algo que seguir, algo en que creer para vivir
O para sobrevivir a esta rutina que idiotiza
Sin pasión no hay sueños
Sin sueños no hay metas
Y sin metas todo se va a la cresta
Me vuelvo tonta de tanto sin sentido
O quizás siempre fui una tonta con excesivo sentir
Ahora todo da igual, la vida pierde sabor al perder el rumbo
Al final todos necesitamos directrices
Para no caer en el limbo y divagar
Y volvernos hombres y mujeres grises
Consumidos por el humo de nuestros cigarrillos
De papelillos impregnados en historia
Que con nuestra vida escribimos
Sin saber que en la espera esta se borra
Nos hicieron creer
Nos hicieron creer que el ‘gran amor’, sólo sucede una vez, generalmente antes de los 30 años. No nos contaron que el amor no es accionado, ni llega en un momento determinado. Nos hicieron creer que cada uno de nosotros es la mitad de una naranja, y que la vida sólo tiene sentido cuando encontramos la otra mitad. No nos contaron que ya nacemos enteros, que nadie en nuestra vida merece cargar en las espaldas, la responsabilidad de completar lo que nos falta.
Las personas crecen a través de la gente. Si estamos en buena compañía, es más agradable.
Nos hicieron creer en una fórmula llamada ‘dos en uno’: dos personas pensando igual, actuando igual, que era eso lo que funcionaba. No nos contaron que eso tiene nombre: anulación. Que sólo siendo individuos con personalidad propia, podremos tener una relación saludable.
Nos hicieron creer que el casamiento es obligatorio y que los deseos fuera de término, deben ser reprimidos. Nos hicieron creer que los lindos y flacos son más amados.
Nos hicieron creer que sólo hay una fórmula para ser feliz, la misma para todos, y los que escapan de ella están condenados a la marginalidad. No nos contaron que estas fórmulas son equivocadas, frustran a las personas, son alienantes, y que podemos intentar otras alternativas. Ah, tampoco nos dijeron que nadie nos iba a decir todo esto.
Cada uno lo va a tener que descubrir solo. Y ahí, cuando estés muy ‘enamorado de tí mismo, vas a poder ser muy feliz y te vas a enamorar de alguien’.
Vivimos en un mundo donde nos escondemos para hacer el amor… aunque la violencia se practica a plena luz del día.
John Lennon
Vuelos
giralunas
Me siento débil, sin energías. Se que no resistiré mucho más, ha llegado el momento de comenzar una nueva etapa. Arrastro mis pies que se mueven por inercia, todo me pesa, mi espalda ya no es capaz de soportar mi propia carga. Mis párpados caen sobre mis ojos velándolos durante el segundo que me demoro en volver a abrirlos, esta vez en un mundo distinto. Levanto los ojos al cielo, que podría ser el suelo en el mundo de los mil y ún pensamientos que cruzan mi cabeza en tan solo un momento. Todo es mágico, todo es efímero y a la vez eterno. En este lugar la única certeza es que nada es cierto, y que a su vez todo es real en un espacio libre de materia y tiempo. Las utopías no existen porque este es el mundo de lo posible, un lugar donde lo inimaginable se hace realidad.
Corro, salto, grito. Mientras mi (in)consciencia hace sinapsis con el torbellino de sensaciones y emociones que me embisten, poco a poco me acostumbro a este estado de libertad. En este universo puedo recordar lo guardado en lo más profundo de mi memoria o conocer lugares literalmente de otro planeta. Puedo volar siendo una golondrina más, o correr como lince sin mirar atrás. Puedo abrazar nuevamente a mis abuelos o volver a hablar con ese amigo tan especial que sería para toda la vida y que no obstante quedó a la deriva. Puedo cumplir mis fantasías, pero también puedo hacer realidad mis pesadillas; sin embargo en este lugar comprendo que nada es negativo, todo tiene una razón de ser.
¡Qué maravilla de lugar! Mi risa es coreada por un millar de giralunas que escoltan mis aventuras, alegres y despreocupadas, dueñas de una frivolidad que nunca había sido tan bella y sencilla. A veces me dan ganas de no volver nunca tras mis pasos, porque es tan difícil regresar luego de la partida. A veces me dan ganas de jugar a no despertar jamás. Sin embargo los rayos del sol comienzan a derretir mis giralunas y a tocar la puerta de mis ojos, que abro lentamente en un saludo a un nuevo día, que representa una nueva etapa en este ciclo que es la vida.
Ayer cuando era pequeña
Abro los ojos, la luz me ciega, los cierro nuevamente. Un martilleo en la cabeza lleva rato molestándome, pum me dice, y pum pum pum me repite pensando que no lo escucho. En realidad simplemente no lo entiendo, no hablamos el mismo idioma en una sociedad en la que ya nadie se da un minuto para escucharse. Me levanto rápidamente en busca de un vaso de agua, vuelvo a caer en medio de mareos y náuseas. Luego no hay nada; ni ayer por la noche, ni penas pero tampoco alegrías. Lo malo es que no se que hice, lo bueno es que si hay algo de que avergonzarme no lo recuerdo. Gracioso, cada vez que queremos olvidar ahogamos nuestros recuerdos en el alcohol. Lo no tan gracioso es que hay personas que darían la vida por recordar aunque sea por un instante.
Hace unos días fui a ver a mi abuela, extrañándola fui en busca de esos abrazos que solía darme por ahí por los hermosos noventa y tantos. Al llegar abrí mis brazos y así me quede esperando un abrazo que nunca más llegaría , porque para mí era mi viejita pero para ella yo ya no era más conocida que la persona con la que compartes el asiento en la micro. Duele saberte un desconocido para alguien a quien quieres tanto, pero duele más ponerte en su lugar.
Hacemos de nuestra vida una competencia, y en esa carrera por ser los mejores nos perdemos los pequeños detalles, que parecen insignificantes y que sin embargo son los que le dan colores y matices a nuestra vida. Son esas nimiedades las que hacen de cada segundo algo maravilloso, y sin embargo preferimos dinero, belleza, poder.
Es patético venderse por algo material que luego no recordaremos que tuvimos. Se gasta mas dinero en cirugías estéticas y pastillas para adelgazar que en buscar una cura para el Alzheimer. Pues bien, todas esas personas van a morir sin recordar lo delgadas y bellas que fueron. Y lo que es peor, van a morir solos. Porque veo en los ojos de mi abuela la soledad, y aunque en realidad no está sola no hay forma de hacérselo saber. No puedo plantarme frente a ella y presentarme como su nieta si ella ni siquiera recuerda que tiene hijos, si cada día sale con su maleta a la calle esperando que la recoja su difunta madre, con la que cree que aún vive.
Con estos pensamientos en mi mente me puse a tomar para borrar todo recuerdo de mi memoria, y esto es lo último que recuerdo. Ahora que me despierto con la garganta seca y el estómago dando vueltas, pero con mi cabeza ligera como una pluma, ahora es que me desespero por una noche de olvido. Lentamente me siento en la cama con más calma de la que realmente siento, e intento forzar mi mente a que me regale aunque sea un flashback de la pasada noche. ¿Qué hice anoche? ¿A quienes vi, con quienes compartí un momento agradable? ¿Fue realmente agradable o valió la pena olvidar? No me puedo imaginar como será olvidar la vida.
Hace unos días fui a ver a mi abuela, extrañándola fui en busca de esos abrazos que solía darme por ahí por los hermosos noventa y tantos. Al llegar abrí mis brazos y así me quede esperando un abrazo que nunca más llegaría , porque para mí era mi viejita pero para ella yo ya no era más conocida que la persona con la que compartes el asiento en la micro. Duele saberte un desconocido para alguien a quien quieres tanto, pero duele más ponerte en su lugar.
Hacemos de nuestra vida una competencia, y en esa carrera por ser los mejores nos perdemos los pequeños detalles, que parecen insignificantes y que sin embargo son los que le dan colores y matices a nuestra vida. Son esas nimiedades las que hacen de cada segundo algo maravilloso, y sin embargo preferimos dinero, belleza, poder.
Es patético venderse por algo material que luego no recordaremos que tuvimos. Se gasta mas dinero en cirugías estéticas y pastillas para adelgazar que en buscar una cura para el Alzheimer. Pues bien, todas esas personas van a morir sin recordar lo delgadas y bellas que fueron. Y lo que es peor, van a morir solos. Porque veo en los ojos de mi abuela la soledad, y aunque en realidad no está sola no hay forma de hacérselo saber. No puedo plantarme frente a ella y presentarme como su nieta si ella ni siquiera recuerda que tiene hijos, si cada día sale con su maleta a la calle esperando que la recoja su difunta madre, con la que cree que aún vive.
Con estos pensamientos en mi mente me puse a tomar para borrar todo recuerdo de mi memoria, y esto es lo último que recuerdo. Ahora que me despierto con la garganta seca y el estómago dando vueltas, pero con mi cabeza ligera como una pluma, ahora es que me desespero por una noche de olvido. Lentamente me siento en la cama con más calma de la que realmente siento, e intento forzar mi mente a que me regale aunque sea un flashback de la pasada noche. ¿Qué hice anoche? ¿A quienes vi, con quienes compartí un momento agradable? ¿Fue realmente agradable o valió la pena olvidar? No me puedo imaginar como será olvidar la vida.
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