En el resguardo de la noche me deshago en el soliloquio que aúlla en mi mente. Y el silencio me ensordece, da pie a pensamientos que pertenecen a alguna luna jupiteriana. Como si no explicar, como si no entender el cauce que siguen en torrentes que chocan y se fusionan para crear frases inconexas formadas por palabras sin significado, no menos hermosas que aquellas regidas por la inteligencia de un sentido. Lo importante no es dominar el lenguaje universal, lo importante es comprender la forma propia de expresión y sintonizarla con el lenguaje propio de cada ser. Porque el conocimiento es vacío sin emocionalidad, porque no es posible comprender la felicidad verdadera hasta que no logramos ver al otro sin usar los ojos, ni escucharlo sin interponer el oído. Es esta la forma de trascender, de darle un sentido espiritual a nuestra existencia material. De recordar lo que como seres humanos hemos olvidado: que no estamos divididos en cuerpo y en mente; la mente es cuerpo y el cuerpo es mente.