Haciendo malabares con los dedos y las teclas

El camino que transitan las ideas, desde la mente hasta la punta de los dedos, es largo y sinuoso. Muchas mueren, otras quedan a la deriva entre la clavícula y la tibia; las que llegan a la meta son aquellas lo suficiente meméticas.


EL AMOR TIENE CARA DE ROBOT

de contrastes y otras cosas

blanco y negro, claroscuro
el blanco no puede ser paz, la paz es equilibrio y no extremo
el negro no puede tan malo con un corazón de color
la noche es negra y sin embargo es buena, entonces ¿no serían buenas las cosas negras?
el blanco es la luz delatora, sucia traidora

envuelveme con tu gris reparador, unifica mi mente disociada
hay veces en que la monotonía es un mal necesario, en un mundo alienado
mezcla el blanco y el negro, no hay diversión en vivir juntos pero no revueltos
quiero sentir tu alma en mi cuerpo

Anagennao

Me hicieron creer que un día sería perfecta. Así crecí sentada, esperando a que mágicamente llegara ese momento. Buscar esa perfección es lo que nos hace ser mejores, pero esperar a que llegue por si sola es quedar a mitad de camino. Me dijeron que sería perfecta, pero nadie me hablo del esfuerzo y la lucha, del proceso por el que debía pasar para serlo. Y entonces me quede sentada esperando, viendo como a mi alrededor personas gateaban, se levantaban en sus pies, caminaban, corrían, saltaban hasta alcanzar sus metas y sueños. Mi entorno maduró mientras yo esperaba como una niña caprichosa, que perfectamente puede hacer algo pero espera a que el otro lo haga por ella para sentirse poderosa.

Hoy no me siento poderosa, sino más bien desterrada de mi vida, y se que la culpa es sólo mía. Remolinos de viento que enreda mi pelo, mientras un torbellino azota mis pensamientos. Nadie dijo que madurar era fácil, pero duele tanto que a veces no creo que valga la pena. Pocas cosas me causan gracia, y ya no encuentro placer en las mismas cosas, ni en las mismas personas que antes me hacían feliz. Me siento como una niña que, con su padre, construye castillos en la arena. La pequeña lo termina y mira orgullosa su obra de arte, durante los segundos que tarda el mar en destruirla. Ella sabe que debe construirlo nuevamente para que la princesa de sus fantasías siga viviendo en él, no obstante al voltear la mirada se da cuenta de que ya no está su padre para ayudarla.

Como ella construimos nuestra vida sobre arena, y nuestro error más grande es creer que lo hacemos sobre concreto. Todo lo que no tiene ambos pies sobre un suelo sólido tiene que caer, el problema está en no saber como volver a levantarnos por nuestros propios medios. Nos enseñaron a no estar solos, pero nunca nos dijeron que todos necesitamos la soledad tanto como la compañía. Los polos nunca son buenos, se necesita equilibrio. La soledad nos guía por nuestro sendero espiritual, la buena compañía nos ayuda a no volvernos locos.

Mis palabras son melancolía, esa que es tristeza en su expresión más bella, que irrumpe en un momento de catarsis para provocar un renacer. Nos apegamos con nuestra alma a lo que poseemos, y no comprendemos que no hay cosa en este mundo que nos pertenezca, sólo nosotros mismos. De niños, cuando aún nos encontramos en la cúspide de nuestra inocencia, reclamamos ser los únicos con derecho a amar y ser amados por nuestros padres. Al crecer llega nuestra primera ruptura cuando nos damos cuenta de que sus corazones nunca nos pertenecieron, al menos no en su totalidad. Buscamos consuelo en la amistad, y con esto debemos enfrentar las primeras traiciones, que nos vuelven más y más parcos con nuestros sentimientos. Nos casamos esperando una promesa para toda la vida, porque nos da  miedo volver a estar solos.

No quiero que lo que aquí digo se interprete en un sentido negativo. Así es la vida, y no hay problema con que se desarrolle de esa manera. El problema es la forma en que nos aferramos a la estabilidad, como si con ello se nos fuera la vida. Y con esto llego al punto mas relevante. Finalmente el miedo a crecer, a la soledad, al cambio, todos esos temores no son más que miedo a la muerte. Si le tememos y la lloramos, es solo culpa nuestra. La muerte es una parte más de este mundo, como lo es cada cosa que forma parte de la cotidianidad. Siempre ha estado ahí, es lo único que podemos predecir de nuestras vidas. Sin embargo, en nuestro afán de preservarlo todo hemos olvidado que la vida se trata de nacer y morir. Nuestra historia es palingenesia, lo sabemos y lo rechazamos con nuestra alma, siendo que es el alma lo único que trasciende a este proceso de continuo renacer.